Armadura es la materialización de un pensamiento que como un cometa orbita elípticamente en un espacio llamado mente. Cómo somos y cómo nos mostramos como consecuencia del canon establecido. He querido hacer un homenaje al Cachalote, ser mitológico donde los haya, claro ejemplo de la adaptación al medio. El cerebro más grande de la naturaleza, uno de los corazones más fuertes, aquel que se alimenta de los monstruos marinos, calamares y pulpos gigantes temidos en épocas remotas por todo marinero. El único mamífero capaz de ver en la oscuridad del océano y llevar luz al abismo al igual que hicieron en el siglo XIX donde se llegó a su casi extinción por usar el aceite de su cuerpo para la iluminación de las ciudades. Armadura es una alegoría donde el cachalote representa al humano en sus diferentes versiones. En la intimidad, en el hogar y con los nuestros o simplemente el hecho de encontrarnos seguros en medio del mar o en lo alto de una montaña provoca que luzcamos el color o colores que nos representan y de puertas para afuera el acero va forjando una coraza con la que protegernos, una armadura. La conciencia es un elemento fundamental en esta serie, representada con la figura de Noé, que flotando sobre las aguas nos recuerda que el mar de la conciencia todo lo cubrirá. Pensando en poder identificarnos con cualquiera de las piezas o no dependiendo del estado de ánimo he utilizado nombres de colores para representar a los cachalotes, lo que me ha permitido hacer un guiño a la película «Reservoir dogs» y su director Quentin Tarantino. Una de las características de las piezas, en concreto los cachalotes es que todos van abiertos por una o varias partes, porque quien se siente completo plenamente, excepto Moby Dick porque éste si cumplió su misión que fue salvar a los suyos de los humanos.









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